lunes, 9 de abril de 2012

¿Que se logro con las cruzadas?

Usando la negociación y apelando a la razón, Federico logró en un corto viaje lo que los papas habían declarado que ellos estaban tratando de hacer por casi 130 años con guerras y sangre.
Bajo el tratado de Federico, los cristianos tenían libertad para habitar en Jerusalén y hacer sus peregrinaciones hacia allá; y los musulmanes quedaban libres de las amenazas propaladas por los ejércitos cristianos. Sin embargo, muchos líderes musulmanes y cristianos no estaban del todo contentos con este arreglo, porque Federico había puesto esto: “dejando ambas partes indignantes en tal pacífico acuerdo. Cuando la tregua finalmente termine en 1239, la guerra santa será reanudada….”

Podemos legítimamente preguntar ¿porqué el tratado de Federico no fue prorrogado o negociado uno similar? ¿A cuál propósito servía el sumergirse en setenta años adicionales de guerra sangrienta? Los cristianos acabaron perdiendo totalmente la Tierra Santa.

Con mucha frecuencia oímos que las guerras son un producto de la naturaleza humana básica, sin embargo en un esfuerzo de paz vimos como 130 años de furioso conflicto terminan mediante el esfuerzo de un hombre que apela a la razón y cooperación de otro hombre, resultando en la paz por la duración del tratado. Vemos que la habilidad del pueblo para tener paz es tan fuerte, si no más fuerte, que un deseo de la guerra. ¿Qué fue entonces lo que condujo a musulmanes y cristianos a matarse unos a otros por un trivial pedazo de tierra árida?

Una respuesta a esta pregunta puede ser encontrada en lo que los musulmanes y cristianos pensaban del porqué a fin de cuentas ellos se peleaban: por su libertad y salvación espiritual. Ellos pensaban que peleando y quizás muriendo gloriosamente por su fe, ellos se garantizaban la salvación eterna.

La historia ha demostrado claramente que el camino para la libertad espiritual es tan fuerte que puede no tomar en cuenta cualquier necesidad humana, incluyendo el impulso por la propia supervivencia física. En algún punto, la gente sacrificará su propia existencia física y hasta la supervivencia física de los seres queridos, si ellos creen que el sacrificio les asegurará su integridad espiritual o que les traerá su salvación espiritual.

Cuando el genuino conocimiento espiritual es distorsionado, aun si el deseo por la salvación espiritual continua siendo estimulado, una gran cantidad de gente puede ser llevada a hacer muchas cosas estúpidas. Un paso importante para resolver el problema de la guerra es entonces lograr una verdadera comprensión del espíritu y una real forma de rehabilitarlo.
Cuando vemos las prácticas espirituales de los caballeros cristianos y los musulmanes ismaelitas, descubrimos que su participación en la guerra frecuentemente era exaltada como una búsqueda espiritual. Los guerreros de ambos lados eran inspirados por los misticismos de la Hermandad corrupta que le hablaba sobre la recompensa espiritual, la cual sería ganada comprometiéndose en un esfuerzo militar en contra de seres humanos compañeros.

Esta fue la mitología de la guerra “espiritualmente noble” en la cual se les prometía a soldados galantes la salvación eterna y un lugar en el cielo por haber peleado por causa noble.

Hay una divertida línea complementaria a esta historia. Después que Federico completó el tratado, quiso ser coronado monarca de Jerusalén por su herencia. Debido a que estaba bajo sentencia de excomunión, una autoridad no católica podía ejecutar la ceremonia de coronación para él. Sin embargo, Federico no era de los que se frustraban por detalles técnicos. Simplemente se coronó a sí mismo y se embarcó de regreso a Alemania.


Esta mitología todavía hoy está viva para reclutar gente y participar en guerras continuas. Esto tergiversa el impulso por la libertad espiritual en una guerra de honor.

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